jueves, 1 de agosto de 2013

Todos la menospreciaban.Pura envidia le tenían. Llevar consigo tantas vidas dentro de una misma, ser inmortal y enloquecer a cualquier bestia con solo acercarse, mirarle fijamente y acariciar su rostro delicadamente como si tocara su corazón.Eso no lo nadie por aquel entonces.Cuando se dejaba ver por las hermosas y bañadas de historia calles de la ciudad condal era como si un halo de extrema delicadeza y deidad la protegiera y a la vez le sirviera de imán para todos aquellos transeúntes. En ese momento no les hubiera importado romperse el cuello solo para volver a mirarla unos segundos más.Era la nereida que deambulaban por sus sueños recién salida de sus fantasías.Cada uno de sus pasos parecían mínimamente medidos para no herir al suelo que pisaba.Era pura sensibilidad. Si el suelo que pisaba hubiera tenido vida habría agradecido cada impacto que recibía de ella.Era una caricia, un masaje, una continua cosquilla que flotaba dando gozo.El suave ruido de sus pasos seguían un ritmo que muchos grandes músicos habrían matado por tener en cualquiera de sus obras.Hasta las señoras mayores se paraban a levantar la cabeza y bajar sus gafas a la altura de la nariz para envidiar y adorar a aquella Venus.Incluso las jovenzuelas y toda la chiquillería que a esa hora salía del colegio de las Carmelitas mirándola ponían en duda su fe.Creían ver la aparición de la "mismísima Virgen".Aunque otros que allí estaban no pensarían que semejante belleza gozara aún de algún rastro de virginidad en su piel.


No hay comentarios:

Publicar un comentario