jueves, 1 de agosto de 2013

Fue como una estrella fugaz, como un meteorito.
Fue como el relámpago que ciega el mundo,
el terremoto que nos hace sentir.
Sintió frío, calor, miedo
Y por una milésima de segundo
flotaron sobre el suelo,
con la cabeza por las nubes
y los brazos entrelazados.
Su voz retumbaba entre los cuatro rincones de su corazón,
gritando, pidiendo, rogando
Era un sueño, era un destino
La realidad tan lejos, la distancia inexistente
Y al apoyar su cabeza en su hombro,
oyó su corazón latir
a cien por hora,
a mil por hora.
Nada podría cambiar ese momento,
nadie podría robarle aquel recuerdo.

Y al despertar, sonrió
para sí misma
Supo que aquel sueño era suyo,
pero también de él,
y que nunca les dejaría
Que siempre estaría ahí,
gritándoles, haciéndoles sonreír
Porque nada importaba más
que aquella sensación
que a pesar de la distancia que,
por una noche se acortó
y se volvió a alargar
Para luego volverse a acortar,
siguió insignificante
haciéndoles sonreír



No hay comentarios:

Publicar un comentario