Se deslizan suavemente.Retorciendo sus cuerpo con ansia por ese mar de sudor que inunda el suelo que las sujeta. Son incapaces de parar, uno detrás de otro, besos sucios, manchados de vicio discurren por caminos prohibidos, cada centímetro de piel que van ensuciando brilla. A ella le brillan también los ojos, las lágrimas de sudor frenan en sus pestañas y parte de ellas se escabulle y consigue penetrar en sus ojos provocando que piquen, pero no le importa.Ella tiene la atención en otra parte más delicada de su cuerpo. Esa respiración alterada que no cesa, se hace cada vez más rápida y sonora, y más y más y más.Para.Silencio.Se oyen gemidos.La otra, como una gata le araña ese dragón, que acaba de despertar con dichos gemídos, que habita estirado en su espalda y esta acostumbrado a que le arañen cada noche unas manos distintas.Ya no le duele que le arañen, después de un polvo, claro. Con el tiempo se ha vuelto algo masoca, o quizá por muy triste que parezca, ya es la costumbre.Cuando era una cría que jugaba a las muñecas alguien mayor la cogía por detrás, le tapaba los ojos y ella que se dejaba porque creía que era un juego más como el de sus muñecas, un juego extraño en que se abría de piernas y solo sentía dolor y después un agradable cosquilleo, a veces lloraba y cuando gritaba le tapaba la boca.Olía a su padre.Pero este nunca le trataba mal delante de mamá o de más personas, incluso a solas la trataba bien.Esto ocurría al principio una vez por semana cuando se despistaba. Cuando era adolescente dejó de ocurrir, pero ella seguía estudiando y jugando de cara a la puerta, en alerta.Todavía hoy duerme con una luz encendida y cuchillo cerca. Por su casa a pesar de vivir sola seguía tensa, por la calle miraba a todas partes por si la siguieran, siempre. Cuando la visitaban siempre tenía debajo de la almohada un cuchillo, todas las que han pasado por su cama le preguntaban por esas cicatrices por los brazos.Ella las callaba metiendo sus castigados dedos por sus entrepiernas y en ninguna fallaba, ninguna se acordaba luego de la pregunta o eso parecía. A veces cuando se levantaba y las despedía, se miraba mientras desayunaba sus dedos y pensaba en cada una de las mujeres que ha penetrado.Y se bebía de una vez todo el café después de una media sonrisa que desconocemos que encerraría.

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