jueves, 5 de septiembre de 2013

Anoche justo cuando me metí en la cama un extraño sentimiento removió mi estómago provocando que llamara a gritos a mi madre.Cuando vino, alarmada por mi extraño comportamiento  se sentó en el borde de mi cama y sin mediar palabra vió cómo yo no podía parar de llorar.Acto seguido me abrazó por la espalda.Así permanecimos, abrazadas sin mirarnos las caras, unos minutos.

“-Mamá, ¿Qué haré cuando me sienta sola por completo y no haya quien pueda paliar mi soledad?¿Cuándo no  tenga a nadie para abrazarme por detrás? Cuando sienta mi cuerpo caer a un vacío habitado por el silencio y la neblina oscura que desprenden los cuerpos sin vida, cuando tu no estés. Cuando mi cuerpo tenga más de un pie en el otro mundo, aquel en el que se está siempre solo, aquel del que todos los que habitamos en este evitamos hablar, sí mamá, ese mundo que es tan tabú como la tristeza en tu rostro, aquel de donde la abuela procede cuando nosotras nos encontramos en peligro y al que luego regresa sin despedirse porque sabe que volverá  pronto para ayudarnos de nuevo.Tengo miedo, mucho miedo.Sé que no he de temer, pero es inevitable pensar que tus fugaces abrazos dejarán de aparecer por mi cama salvándome de la soledad algún día.Mamá, ¿Qué haré cuando me sienta sola por completo y no haya quien pueda paliar mi soledad?.”


No hay comentarios:

Publicar un comentario