Sigues viniendo en tus sueños hacia mí.Buscándome porque aún no me has olvidado.No hay día que no me leas, me protejas.Así, sin que yo lo note. Te encantaría saber qué hago, qué pienso."¿Me recordará?" pensarás. Cada lugar que pisé contigo lo glorificas.Tus pensamientos navegan como un barco sin timón, miras al cielo y me ves, miras a tus pies y recuerdas mis pasos.No huyas de lo que sientas. Sácalo, vívelo, siente el dolor en tu piel, que se te eleven los bellos de punta cuando sueñas que rozo tu piel. No calles.Grita.Fuma.Bebe.No evites nombrarme, porque vas a explotar.No hay nada más fuerte a lo que te puedes aferrar que no sea el presente.
¿Tanto cuesta dejar de amar? Me dejo llevar pero, pero una y otra vez vuelves a mi mente, balbuceo por las noches, susurrando tu nombre, una y otra vez.Vi tu sombra una noche y quise salir corriendo, eras tan bello que asustaba.Me das miedo.Tu piel es como la estepa rusa, eso sí que da miedo.Déjame ser libre.
Te vi corriendo por las calles, salí tras de ti y te esfumaste con el humo del cigarro que sostenías.
Poco a poco empezó a seducirme la idea de perderte.Cada vez más.Lo perecedero de tu ser, la contingencia de tu compañía, la fragilidad de tu fidelidad, la casualidad, tu mortalidad, al fin y al cabo.
Volví a llegar tarde.Demasiado tarde porque, esperándome, te habías quedado dormido.
Sonaba de fondo aquella canción que dice:” si fueran reversibles aquellas
noches de incendio. Más noches reversibles para saborear las horas más
humildes con un placer más intenso.....” o a lo mejor no, a lo mejor sonaba
otra.

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